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latinoamérica
Opinión

El eco de Oriente Próximo en Latinoamérica

En lo que resta del año, se espera que la inflación en la región siga presionada

Puesto de comida en Ciudad de México.Isaac Esquivel (EFE)

La economía global ha enfrentado en 2026 un choque económico muy relevante. El conflicto en Oriente Próximo entre Irán y Estados Unidos e Israel ha producido un marcado choque en los mercados de materias primas que han desencadenado en alzas en los precios del petróleo e insumos agrícolas, con repercusiones en todo el planeta. Este escenario ha jugado un papel importante en Latinoamérica, con un repunte significativo de la inflación en lo que llevamos de 2026. Sobresalen los casos de Perú o Chile, que se encontraban dentro de su rango meta y producto de este fuerte impacto en precios se ubican, hoy, por fuera.

En lo que resta del año, se espera que la inflación siga presionada, con algún alivio paulatino en precios de energéticos, pero con secuelas de segunda ronda a través de los altos precios de fertilizantes que impactarán la productividad agrícola en los siguientes meses, y en los costes de logística que marcan una desviación muy notable. Todo ello llevará a que los países de la región incumplan con las metas este año y que sólo hasta 2027 regresen a la tendencia bajista.

A nivel de actividad, Latinoamérica enfrenta también una ralentización, aunque más acotada que el impacto inflacionario. El crecimiento será especialmente bajo en México, Uruguay y Chile en 2026 con cifras por debajo del 2%. Mientras que Perú, Argentina y Paraguay mantendrán el mejor desempeño relativo. Esta moderación en la actividad será transitoria, y se espera un repunte en el crecimiento en la región en 2027, con la excepción de Colombia, que vive un escenario singular por un brote inflacionario local que ha producido una política monetaria altamente contractiva.

Con ello, la región encara estos choques con unas condiciones estructurales mixtas. Por una parte, los balances fiscales y niveles de endeudamiento son más altos que lo observado en periodos previos, lo que expone a Latinoamérica a los ciclos alcistas de tasas globales y lleva a un escenario de primas de riesgo bajo presión. Mientras que por el otro, en los últimos años los balances externos de la mayoría de países de la región se han comportado mejor de que su media histórica, y permiten tener un menor riesgo de vulnerabilidad cambiaria. Por tanto, incluso en un ciclo complejo en el entorno económico global, las monedas latinoamericanas han mostrado una apreciación o, como poco, estabilidad durante lo que va transcurrido de año.

A pesar de que el choque se está sobrellevando con los instrumentos de política tradicionales, resulta interesante evaluar el desempeño relativo esperado de Latinoamérica a largo plazo. Y allí, el crecimiento si bien se recupera ligeramente, continúa rezagado frente a otras economías emergentes del mundo, lo que limita las capacidades de la región para hacerle frente a las problemáticas sociales que todavía existen.

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