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Luca Parmitano, astronauta de Artemis 3: “Faltan mujeres porque se han priorizado las necesidades de la misión”

El integrante de la Agencia Espacial Europea conversa con EL PAÍS sobre los desafíos de la próxima misión del programa de exploración lunar de la NASA

El piloto Luca Parmitano en la presentación de la NASA de la misión Artemis 3, en el Centro Espacial de Houston, Texas, a 9 de junio de 2026.Antranik Tavitian (REUTERS)

Cuando, en mayo de 2009, le seleccionaron para convertirse en astronauta de la Agencia Espacial Europea (ESA), Luca Parmitano (Paternò, Italia, 49 años) no imaginaba que menos de 20 años después formaría parte de la historia. A este siciliano apasionado por el deporte y la lectura, licenciado en Ciencias Políticas y piloto de pruebas de la Aeronáutica Militar Italiana, nunca le ha faltado ambición. Ha pasado 367 días en el espacio en dos misiones, una en 2013 y la otra en 2019.

Esos días incluyen una anécdota convertida en leyenda “que se recuerda en todos los pasillos de la ESA”, como ha declarado recientemente su director general, Josef Aschbacher. Durante su segundo paseo espacial, Parmitano tuvo un accidente, una crisis que, según Aschbacher, gestionó con tanto sosiego que dice “más de un astronauta que cualquier currículum”. Su casco se llenó de repente de agua; él no podía ni ver, ni oír, ni casi respirar. Se quedó incomunicado. Tuvo que volver a entrar en la Estación Espacial a ciegas, solo guiándose con el cable al que estaba enganchado. Pero el latido de su corazón se mantuvo estable y “sus compañeros ni siquiera se enteraron de que estaba siendo sometido a un enorme estrés”, cuenta el director general de la ESA. Ahora este italiano tranquilo formará parte de la tripulación de Artemis 3.

Pregunta. Entrar a formar parte del proyecto que llevará de nuevo al ser humano a la Luna debe ser uno de los hitos más emocionantes para un astronauta. ¿Se lo esperaba?

Respuesta. No me esperaba esta misión en concreto; no estaba en mis planes, ni siquiera en mis pensamientos. Recientemente, me había estado ocupando del módulo MPH (Multi-Purpose Habitation) de la Agencia Espacial Italiana, un proyecto que estará más dedicado a la permanencia de los astronautas en el suelo lunar. Mis planes eran a más largo plazo.

P. Con un poco de mala suerte, ¿no? Artemis 3 originalmente debía ser la misión que llegaría a la Luna, y ahora solo es una misión de preparación: no tocarán el suelo lunar.

R. Hablar de mala suerte no me parece apropiado en absoluto. Soy piloto experimental, y esta misión se centra al 100% en la experimentación. Además, su diseño me coloca en el rol de piloto, algo que jamás habría imaginado. De hecho, diría al contrario, que esta misión no limita mi futuro; me brindará habilidades únicas e importantes que aún no tengo. Para mí, todo es positivo: la mala suerte no tiene cabida en esta conversación.

P. En esta misión ensayarán en órbita baja el acoplamiento con naves de aterrizaje comerciales. Pero los aterrizadores de Blue Origin (de Jeff Bezos) y SpaceX (de Elon Musk) aún no están listos. Hace poco, uno de los cohetes de Blue Origin explotó. ¿Qué opina?

R. Los vuelos espaciales son difíciles, extremadamente difíciles. Venimos de 25 años de operaciones a bordo de la Estación Espacial Internacional, donde, tras un comienzo muy complejo —porque recordamos el Columbia, que quizás nos hizo olvidar lo difíciles que son las operaciones espaciales—, durante los siguientes 20 años hemos operado de forma constante, eficiente y con gran éxito la Estación Espacial Internacional. Pero no debemos olvidar que la exploración espacial sigue siendo muy complicada.

Respecto a las misiones Apolo de hace 50 años, el mundo ha cambiado, y la forma en que realizamos la exploración también ha cambiado. Primero, hablemos del presupuesto. Hace 50 años, el presupuesto equivalente era 10 veces mayor que el que tenemos disponible para el programa Artemis. Hoy hablamos de una arquitectura más estructurada que prevé aterrizadores mucho más grandes, un número de participantes en la misión que ha pasado de tres a cuatro y operaciones en los polos lunares, cosa que es mucho más difícil y costosa en términos energéticos.

Así que, sin duda, tenemos un programa mucho más ambicioso que el de hace 50 años. Y tiene que ser así: la ambición es inherente a quienes desean explorar, porque de lo contrario nunca empezaríamos. Que las expectativas se vean frustradas también forma parte del proceso, porque hay que afrontar los problemas para comprender que existen y, luego, mantener una actitud positiva ante la capacidad del ingenio humano para lograr muchas cosas.

Ahora hablamos de una misión compleja desde el punto de vista operativo y logístico porque lograr tres lanzamientos de grandes naves espaciales para poner en órbita en el mismo período de tiempo no será fácil. No sabemos si será posible, pero no lo sabremos si no lo intentamos.

P. La NASA tiene previsto lanzar Artemis 3 a finales de 2027. ¡Eso es solo un año de preparación! ¿No es muy poco tiempo?

R. La tripulación del Apolo 11 fue asignada en febrero de 1969 y el lanzamiento fue en julio del mismo año. Tenemos todo el tiempo para trabajar mucho.

P. La ESA está apostando mucho en este proyecto. Suyo es el módulo de servicio que propulsará y dará energía a la nave. Colocar a Parmitano, un astronauta europeo, en la próxima misión Artemis ha sido políticamente un éxito. Pero, ¿existe un plan para Europa que sea independiente de Estados Unidos?

R. Yo creo que la NASA ostenta un liderazgo indiscutible en la exploración lunar en comparación con el resto del mundo. El gesto simbólico, a la vez que práctico, de contar con un astronauta europeo como piloto es una clara señal de que la NASA nos considera un socio más entre los socios internacionales; nos considera fuertes y valiosos, no solo por nuestra tecnología y nuestra ciencia, sino también por nuestro personal. Como Europa, queremos apoyar a la NASA con nuestros valores: construir puentes, colaboración, relaciones y cooperación. Nuestros valores de ciencia para todos, tecnología para todos, para la mejora de la vida, son algo que podemos aportar cuando nos asociamos con una gran organización como la NASA. Por otro lado, existe un fuerte deseo por parte de Europa y de la Agencia Espacial Europea de generar una capacidad autónoma para el acceso al espacio. Debemos ir paso a paso, pero es algo que podemos lograr.

P. En esta conversación ni siquiera ha mencionado a China. ¿No cree que sea un competidor lo suficientemente fuerte?

R. Como sabe todo el mundo, soy licenciado en Ciencias Políticas y también sigo con gran interés el aspecto geopolítico, porque no vivo ajeno a este mundo. Está claro que, para la NASA en particular, esta es una competición; no hay duda. También es cierto que hay muchas maneras de lograr el mismo objetivo. Creo que uno de los objetivos principales de la agencia espacial estadounidense, junto con nosotros, es cómo llegar a la Luna y para qué. Nuestra idea es llegar con un programa ambicioso, con una arquitectura como Artemis, que incluye módulos de superficie, un sistema de exploración de alta tecnología y un sistema de comunicaciones y navegación extremadamente sofisticado. No queremos limitarnos a plantar una bandera: el concepto es el de la exploración y de la expansión tecnológica, no solo la competición.

De momento, yo no tengo la competencia necesaria para evaluar la rapidez con la que avanza la agencia china. Estoy seguro de que lo están haciendo, estoy seguro de que poseen capacidades tecnológicas extraordinarias, pero preveo que también se enfrentarán a desafíos para alcanzar un objetivo que sigue siendo extremadamente difícil, al igual que para la India y otros grandes países del mundo. Por ejemplo, me pregunto si, partiendo, entre otras cosas, de un desarrollo tecnológico derivado del conocimiento adquirido a través de la tecnología soviética, China podrá lograr resultados similares en poco tiempo.

P. También su planteamiento económico es diferente. La NASA ahora se basa en la colaboración con empresas privadas. China mantiene un esquema tradicional basado en la inversión gubernamental.

R. Son sistemas económicos y políticos completamente diferentes, y los resultados suelen ser distintos. En uno hay riqueza, en el otro poder; son concepciones diferentes de la exploración. Sin embargo, sigo siendo optimista, no sobre quién llegará primero ni cómo, porque solo soy un operador que contribuye al sistema en el que me encuentro, sino sobre el motivo por el que vamos allí. Es cierto que los vuelos espaciales son una proyección blanda de un poder más duro; es decir, una proyección geopolítica de poder y tecnología. Pero yo tengo una visión popperiana de la humanidad y creo que se trata de un camino evolutivo, que no es lineal, tiene altibajos, pero sigue siendo un camino evolutivo. Así que creo que, al final, el gran sueño de explorar el bienestar de todos en la Tierra es algo que, en última instancia, nos unirá y no nos separará.

P. Artemisa era la hermana de Apolo y, entre otras cosas, la diosa de la Luna. La NASA eligió este nombre para transmitir, al contrario que en los años sesenta, una imagen femenina de la exploración espacial. Sin embargo, en la tripulación de Artemis 3 sois cuatro hombres. ¿Otro de los efectos de la Administración Trump?

R. Me da la sensación de que la gente se ha vuelto daltónica de repente. Me parece que la igualdad es verdaderamente completa cuando se refiere a las oportunidades y no a lo inmediato, ni a lo puntual, ni al individuo. Si queremos ser una agencia espacial inclusiva, verdaderamente centrada en la diversidad, debemos considerar todos los tipos de diversidad. El género es un tipo de diversidad, pero existen otros. Y si observo a la tripulación, veo con claridad los orígenes, las trayectorias, las capacidades y la diversidad de muchos otros tipos. Es cierto que falta diversidad de género porque creo que quienes asignaron los puestos priorizaron las necesidades de la misión en lugar de intentar distribuir los distintos roles de la forma más amplia posible. Así que es la pregunta lo que me sorprende más que la tripulación. Analizo las habilidades que se han distribuido y no me sorprendería ver una futura tripulación con mayoría femenina, del mismo modo que no me sorprendió ver a Christina Koch en la primera misión, ni a Anne McLean y Nicole Ayers, comandante y piloto de la nave Crew 10.

P. Artemis 3 será una misión muy compleja, como ha explicado. ¿Dónde ve los mayores riesgos?

R. Lanzamiento a órbita, estabilización, aproximación, reencuentro, acoplamiento, desacoplamiento, maniobra de aproximación y reentrada.

P. Todas las fases, esencialmente.

R. Es una misión experimental. Todos los componentes son experimentales. Nada de lo que vamos a hacer se ha probado antes en un entorno distinto al de la nave espacial para la que fue diseñada. Orión es una misión al espacio profundo, y realizarla en órbita terrestre también añade complejidad. No me espero que haya nada sencillo.

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